El Dalai Lama reparte comida y ánimo entre los pobres de San Francisco

Su Santidad el Dalai Lama se esforzó lo suyo el domingo pasado por que las personas sin hogar se sintiesen a gusto en la cocina de sopa de Martin’s.

Su Santidad se puso un delantal rojo y amarillo para servir los primeros platos de pasta al pesto. Se partía de risa con los chistes, partió pan junto a siete hombres pobres, contando anécdotas y riéndose de lo mal que habla inglés. Finalmente, el jefe del gobierno tibetano en el exilio y uno de los líderes espirituales más significativos del mundo dijo: “Ya sabéis… yo tampoco tengo hogar”.

Era el segundo día del Dalai Lama en un fín de semana por la bahía de San Francisco para hablar de paz y llamar la atención sobre los pobres del país. Su visita, organizada por The Forgotten International, una fundación sin ánimo de lucro que se dedica a ayudar a los más pobres, ha tardado dos años en hacerse realidad. Tom Nazario, fundador de Forgotten International y profesor de derecho en la Universidad de San Francisco, ha culpado de la tardanza a la burocracia: “Él hace tiempo que quería hacer esto”.

Su Santidad sonrió pícaro durante la hora que pasó en Martin’s -más formalmente conocida como Hospicio de San Martín de Porres- creado por el movimiento Obreros Católicos: “De verdad me alegra mucho esta oportunidad de venir de visita”, dijo, ofreciendo palabras de ánimo al centenar de invitados y voluntarios de la comida dominical. “Nuestra vida depende de los demás”, explicaba. “La mía también. Mi vida depende de otros. Vosotros todavía formáis parte de la sociedad humana, la comunidad humana. Por favor, alegraos y sentíos dignos”.

Entre los invitados se encontraban algunos de los ciudadanos más despreciados y desesperados de San Francisco, hombres y mujeres que llevan todo lo que tienen en carritos de la compra y duermen bajo los puentes.

“Le he dicho que todo lo que llevo, desde el traje hasta los pendientes, todo lo encontré en la basura”, decía Armando Martínez, de 44 años. Ambeei Hall, veterano de Vietnam de 59 años y budista practicante dijo que el Dalai Lama se esforzó por que todo el mundo se riese: “Cuando se puso a hablar de George Bush, no me pude aguantar la risa”.

Alguien a la mesa preguntó a Su Santidad si había conocido ya al presidente Barack Obama. Respondió que se reunirían el próximo octubre. A continuación dijo del ex-presidente Bush: “Me encanta. Pero algunas de sus políticas…”

Fuente: Associated Press / Tibet.net

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