La dakini Khadro-la visita España

En 2008, el Venerable Roger Kunsang, asistente personal de Lama Zopa Rinpoché, se reunió con una extraordinaria mujer que es ampliamente reconocida como dakini y además oráculo. Ciertamente alguien considerado muy especial por Su Santidad el Dalai Lama, Kirti Tsenshab Rinpoché y Lama Zopa Rinpoché. Este extracto forma parte de una entrevista publicada en el número de otoño de 2008 de Mandala, la revista de la FPMT.

Khadro-la, en la foto rodeada de otros Rimpochés, es una dakini emanada de Tara, además de uno de los oráculos del Dalai Lama.

El próximo 25 de junio, Khadro-la dará enseñanzas en el centro Nagarjuna de Barcelona, y los días 29 y 30 estará en el Nagarjuna Madrid. No dudéis contactar con estos centros de la FPMT para aprovechar esta oportunidad extraordinaria antes de que no queden plazas, porque son muy limitadas.

Venerable Roger: ¿Puedes contarme por qué te fuiste de Tíbet?

Khadro-la: Ocurrió en el último minuto. No tenía esa intención, y la verdad es que no tenía dinero para viajar. Seguí una señal que tuve en sueños. Había un autobús tocando el cláxon avisando de que salía, y hasta que no subí al autobús, ni supe hacia dónde me dirigía. La gente me dijo que el autobús se dirigía a Lhasa, y de ahí a Shigatse. Un par de días después supe que también se dirigían al Monte Kailash.

Un día, mientras hacíamos una parada camino de Shitagse, me encontraba circumbalando el monasterio de Tashi Lhumpo cuando me crucé con un anciano vestido con un doti, la tradicional tela india. Este completo extraño me dió 2000 gormos. Me pidió que me sentara junto a él, y me empezó a contar muchas historias extraordinarias. Me dijo que la India estaba justo detrás de aquella montaña, y que yo debía reunirme con Su Santidad el Dalai Lama y otros lamas. Me siguió insistiendo que me dirigiese a la India, y en aquel momento no me pareció nada extraño, aunque ahora cuando lo recuerdo me parece increíble.

Ven. Roger: ¿Fue muy dificil llegar a la India?

Khadro-la: ¡Oh, sí! Fue muy duro. No formaba parte de ninguna misión; me limitaba a seguir a los peregrinos. No recuerdo del todo bien cuánto duró el viaje, pero hice quince vueltas al monte Kailash, pero debido a mis acciones inusuales y las palabras que pronunciaba, se corrió el rumor de que yo era una dakini. La gente empezó a hacer cola para verme, incluso buscando mi bendición. Fue muy cansado atender a toda aquella multitud, pero un monje muy amable de un monasterio cercano me cuidó muy bien con comida y bebida. Incluso organizó un buen sistema para que la gente viniera a verme, a recibir bendiciones, etc. Muchas de aquellas personas expresaron su deseo de ir a la India conmigo.

Una noche, de repente y sin hablarlo con antelación, me hice a la idea de marcharme a la India y también un hombre, que hizo de guía, nos guió a diecisiete de las personas que estábamos en el autobús por el camino que conduce a la frontera. No tenía apenas experiencia y le costó diecisiete días llegar a Kathmandú (Nepal). Debimos haber tardado solo siete días. Estábamos en tierra de nadie, y en realidad no había caminos, ni gente a quien preguntar. Era imposible saber siquiera si estábamos ya fuera de Tíbet. Solo nos quedaba seguir las señales de mis sueños. Cuando nos sentíamos desorientados, nos dirigíamos hacia donde aparecía un círculo de luz. Tal vez fuese una bendición del Dalai Lama, o de Palden Lhamo.

A veces teníamos que caminar todo el día entero sin comer ni beber, y a veces también tuvimos que andar toda la noche. No estábamos preparados para un viaje tan largo.

Cuando llegamos a Nepal, me sentí muy enferma por una intoxicación de la comida, y no pude continuar con mis compañeros hacia la India. Me tuve que quedar en el centro de recepción de Kathmandú, vomitando sangre, lo que hizo pensar al personal del centro que tenía alguna enfermedad contagiosa. Me dejaron fuera del edificio a dormir, en el campo. Estaba tan débil que no podía ni cambiar de postura. Cuando me tenía que mover, me tocaban con palos largos porque tenían miedo de tocarme con las manos. Como empeoré, pensaron que no sobreviviría, así que me preguntaron si quería dejar un último mensaje para mi familia y me pidieron alguna dirección para enviarlo.

Así que pedí a los monjes de un monasterio que recitasen oraciones tras mi muerte y que incinerasen mi cuerpo en cierto pico. Luego supe que se trataba de la colina santa de Nagarjuna, donde el Buda explicó el sutra llamado Langru Lungten.

Les pedí que llevasen mi orina en una botella, y se la dieran al primero que se encontraran a la entrada de la Gran Estupa de Boudanath, en Kathmandú. En aquel momento yo estaba semi-consciente, pero fueron tan amables de ayudarme a hacerme este favor. La persona que tomó mi orina se encontró con un hombre a la entrada, que resultó ser un médico tibetano. Tomó muestras de mi orina y diagnosticó que me había intoxicado al comer, me recetó algunas medicinas e incluso me hizo llegar píldoras de bendición. Mi salud mejoró notablemente y tuve muchos sueños buenos. Cuando me recuperé, me enviaron al centro de recepción de Dharamsala (India), junto a otras personas que acababan de llegar.

“Llegué a Dharamsala no mucho después de que algunos monjes de mi pueblo hubiesen tenido una discusión con el personal del centro, así que tenían mala impresión de cualquiera que llegase de aquella zona. Así, yo también me convertí en víctima. Como yo era muy joven me preguntaron si me gustaría unirme al colegio o si prefería aprender algún oficio. Mi respuesta fue muy clara y sincera: Dije que ni quería ir al colegio, ni quería aprender nada. Cuando vivía en mi casa siempre tenía una gran vocación de ayudar a los buenos meditadores, así que me dedicaba a recoger leña y llevar agua a los meditadores que vivían cerca de mi pueblo. Ni siquiera sabía que Tíbet estaba ocupada por los chinos, y que esa era la razón por la que los tibetanos se iban al exilio. Los chinos nunca me maltrataron y nunca me faltó comida ni ropa. Mi único deseo era ver a Su Santidad el Dalai Lama, y como tengo el problema de ser alocada a veces, yo simplemente quería saber cosas del Dalai Lama, fuera aquello bueno o malo. Era todo lo que quería. Si no, solo quería volverme a mi casa”.

Lama Zopa, Dagri Rinpoché y Khadro-la durante una puja

Actualmente, Khadro-la reside cerca de Namgyal, el monasterio de Su Santidad el Dalai Lama en Dharamsala. Según distintos lamas, es una emanación de Khadro Yeshe Tsogyal, de Vajrayogini y/o de Tara.

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2 thoughts on “La dakini Khadro-la visita España

  1. Mui interesante.Me pregunta ¿que opina ella de ser reconocido como una incarnacion de Tara? y ¿Quales seran los rasgos/signos /careteisticas que tiene que hace que las Llamas asosian los dos?Y ¿Donde puedo descubrir mas sobre como funcionan las dikinis?

    Respetuosamente A,W.H.

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