Declaración oficial de Su Santidad el Dalai Lama sobre su propia reencarnación

Introducción

Mis compañeros tibetanos, dentro y fuera del Tíbet, todos aquellos que siguen la tradición budista tibetana, y todos aquellos con alguna conexión con Tíbet y los tibetanos: Debido a la visión de futuro de los reyes de la antigüedad, ministros y estudiantes, la enseñanza completa de Buda, incluyendo las escrituras y las enseñanzas prácticas de los Tres Vehículos y los Cuatro Montones del Tantra y sus asuntos relacionados y discípulos, florecieron ampliamente en la Tierra de las Nieves. Tíbet ha servido como fuente de tradiciones budistas y similares para el mundo. En particular, ha tenido una contribución significativa en la felicidad de incontables seres en Asia, incluída China, Tíbet y Mongolia.

En el transcurso de la supervivencia de la tradición budista en Tíbet, hemos evolucionado hasta tener una tradición única tibetana de reconocer las reencarnaciones de los discípulos que ha sido de una ayuda inmensa, tanto para ayudar al Dharma como a los seres sintientes, particularmente en la comunidad monástica.

Desde que el omnisciente Gedun Gyatso fue reconocido y confirmado como la reencarnación de Gedun Drub en el siglo 15 y se estableció el Gaden Phodrang Labrang (la institución del Dalai Lama), se han reconocido sucesivas reencarnaciones. El tercero en esta sucesión, Sonam Gyatso, recibió el título de “Dalai Lama”. El Quinto Dalai Lama, Ngawang Lobsang Gyatso, estableció el gobierno del Gaden Phodrang en 1642, convirtiéndose en el jefe político y espiritual del Tíbet. Durante más de 600 años desde Gedun Drub, una serie de reencarnaciones inequívocas se han reconocido en el linaje del Dalai Lama.

Los Dalai Lamas han funcionado como líderes tanto políticos como espirituales en el Tíbet durante 369 años desde 1642. Ahora, yo, voluntariamente he acabado con esto, orgulloso y satisfecho de que podamos acercarnos al sistema de gobierno democrático que florece en todo el mundo. De hecho, ya en 1969 dejé claro que la gente comprometida debería decidir si las reencarnaciones deberían seguir adelante en el futuro. Sin embargo, ante la falta de pautas claras, en caso de ser el público quien exprese un fuerte deseo de que los Dalai Lamas sigan existiendo, hay un obvio riesgo de intereses políticos sesgados que manipulen el sistema de reencarnaciones para cumplir con sus planes políticos. Por tanto, en tanto yo me mantenga sano física y mentalmente, me parece importante que se establezcan pautas claras para reconocer al próximo Dalai Lama, para que no exista margen de error o malinterpretación. Para que estas pautas sean plenamente comprensibles, es esencial comprender el sistema de reconocimiento de tulkus (reencarnaciones de lamas) y sus conceptos básicos. Por tanto, los explicaré brevemente a continuación.

Vidas pasadas y futuras

Para aceptar la reencarnación o la realidad de los tulkus necesitamos aceptar la existencia de vidas pasadas y futuras. Los seres sintientes llegan a esta vida presente desde vidas anteriores y renacen de nuevo después de morir. Esta sucensión de renacimientos contínuos es aceptada por todas las antiguas tradiciones espirituales y escuelas filosóficas de la India, excepto los Charvakas, que eran un movimiento materialista. Algunos pensadores modernos niegan las vidas pasadas y futuras bajo la premisa de que no las pueden ver. Otros mantienen que de esta base no se pueden tomar conclusiones tan tajantes.

Aunque muchas tradiciones religiosas aceptan el renacimiento, difieren en sus visiones sobre qué es lo que renace, cómo renace, y cómo pasa a través del periodo transitorio entre una vida y otra. Algunas tradiciones religiosas aceptan que haya vidas futuras, pero rechazan que hayan vidas anteriores.

En general, los budistas creemos que no hay principio para los nacimientos y que una vez alcanzada la liberación del círculo de la existencia cuando se supera el karma y las emociones destructivas, no volveremos a nacer bajo la influencia de esas condiciones. Por tanto, los budistas creemos que hay un final para las reencarnaciones como resultado del karma y las emociones destructivas, pero la mayoría de escuelas filosóficas budistas no aceptan que la mente termine. Rechazar las vidas pasadas y futuras supondría contradecir el concepto budista de base, camino y resultado, que debe ser explicado sobre el fundamento de la mente disciplinada o indisciplinada. Si aceptamos este argumento, lógicamente, también tendríamos que aceptar que el mundo y sus habitantes aparecen sin causas ni condiciones. Por tanto, en tanto eres budista, es necesario aceptar las vidas pasadas y futuras.

Para aquellos que recuerdan sus vidas pasadas, el renacimiento es una experienca clara. Sin embargo la mayoría de seres ordinarios olvidan sus vidas anteriores cuando pasan por el proceso de la muerte, estado intermedio y renacimiento. Dado que las vidas pasadas y futuras son algo oscuro para ellos, necesitamos servirnos de una lógica basada en las evidencias para demostrarles estos renacimientos.

Hay muchos argumentos lógicos distintos en palabras del Buda y subsecuentemente comentarios para demostrar la existencia de vidas pasadas y futuras. En resumen, se basan en cuatro puntos: La lógica de que las cosas son precedidas por cosas similares, la lógica de que las cosas son precedidas por una causa substancial, la lógica de que la mente se ha familiarizado con ciertas cosas en el pasado, y la lógica de haber experimentado cosas en el pasado.

De forma última, todos estos argumentos se basan en la idea de que la naturaleza de la mente, su claridad y serenidad, deben tener la claridad y la serenidad como su causa fundamental. Esto es evidente por sí mismo. A través del análisis lógico inferimos que una nueva corriente de claridad y serenidad no puede surgir sin causas o de causas no relacionadas. Mientras que observamos que la mente no puede ser producida en un laboratorio, también inferimos que nada puede eliminar la continuidad de la claridad y la serenidad limpias.

Que yo sepa, ningún psicólogo, físico o neurocientífico moderno ha podido ser capaz de observar o predecir la producción de mente, ni a partir de materia, ni sin causa alguna.
Hay gente que puede recordar su vida inmediatamente anterior, o incluso muchas vidas pasadas, así como ser capaces de reconocer sitios y parientes de esas vidas. Esto no es sólo algo que haya ocurrido en el pasado. Incluso hoy en día hay mucha gente en Oriente y también en Occidente que puede recordar incidentes y experiencias de sus vidas anteriores. Negar esto no es una forma honesta e imparcial de hacer investigación, porque sería ir en contra de estas evidencias. El sistema tibetano de reconocimiento de reencarnaciones es una forma auténtica de investigación que se basa en los recuerdos que la gente tiene de sus vidas pasadas.

Cómo tiene lugar el renacimiento

Hay dos maneras en que alguien puede renacer después de la muerte: Nacer bajo el influjo del karma y las emociones destructivas, y renacer por medio del poder de la compasión y la oración. En cuanto a la primera, debido a la ignorancia, se crean karmas positivos y negativos y sus huellas permanecen en la consciencia. Estos se reactivan a través del aferramiento y el deseo, empujándonos hacia la vida siguiente. Entonces, renacemos de forma involuntaria, en formas de existencia superiores o inferiores. Por otro lado, los Bodisatvas superiores, que han alcanzado el camino de la visión, no renacen por medio de la fuerza de su karma y las emociones destructivas, sino debido al poder de su compasión por los seres sintientes y basándose en sus oraciones para beneficiar a los demás. Son capaces de elegir dónde y cuándo nacerán, así como sus padres futuros. Un renacimiento así, que se produce únicamente para beneficiar a los demás, es un renacimiento que se produce por la fuerza de la compasión y la oración.

El significado de “tulku”

Parece que la costumbre tibetana de llamar “tulku” (emanación del cuerpo de Buda) a las reconocidas empezó cuando los devotos lo usaron como título honorífico, pero se ha convertido en una expresión habitual. En general el término “tulku” se refiere a un aspecto en particular del Buda, uno de los tres o cuatro descritos en el vehículo del Sutra. Según esta explicación de estos aspectos del Buda, una persona que es totalmente empujada por las emociones destructivas y el karma tiene el potencial para alcanzar el Cuerpo de la Verdad (Dharmakaya), que comprende el Cuerpo de la Verdad de la Sabiduría y el Cuerpo de la Verdad de la Naturaleza. El primero se refiere a la mente iluminada de un Buda, que lo ve todo directamente y con precisión, tal como es, al instante. Se ha liberado de todas las emociones destructivas así como de sus impresiones a través de la acumulación de mérito y sabiduría durante un largo periodo de tiempo. El segundo, el Cuerpo de la Verdad de la Naturaleza, se refiere a la naturaleza vacía de la mente iluminada y omnisciente. Ambos juntos son aspectos propios de los Budas. Sin embargo, ya que no son accesibles directamente a los demás; únicamente entre los propios Budas, es imperativo que los budas se manifiesten en formas físicas que sean accesibles a los seres sintientes para poder ayudarles. Por tanto, el aspecto físico último de un Buda es el Cuerpo del Gozo Completo (Sambhogakaya), que pueden adoptar los bodisatvas superiores, y que posee cinco cualidades definitivas, como residir en el llamado Cielo de Akanishta. Y del Cuerpo del Gozo Completo se manifiestan en una miríada de Cuerpos de Emanación de Buda, o Tulkus (Nirmanakaya), que pueden aparecer como dioses o como humanos y son accesibles también a los seres ordinarios. Estos dos aspectos físicos del Buda son llamados Cuerpos de la Forma, y son para los demás.

El Cuerpo de Emanación tiene tres partes: a) El Cuerpo de Emanación Suprema, como el del Buda Sakyamuni, el Buda histórico, que manifestó las doce acciones de un buda, como haber nacido en el sitio que haya elegido, etc.; b) el Cuerpo de Emanación Artística que sirve a los demás manifestándose como artesanos, artistas y demás; y c) el Cuerpo de Emanación Encarnada, que corresponde a los budas que se aparecen en varias formas, como en seres humanos, deidades, ríos, puentes, plantas medicinales y árboles para ayudar a los seres sintientes. De estos tres tipos de Cuerpos de Emanación, las reencarnaciones de maestros espirituales reconocidos y conocidos como “tulkus” en el Tíbet pertenecen a la tercera categoría. Entre estos tulkus puede haber muchos que son Cuerpos de Emanación de los Budas verdaderamente cualificados, pero esto no necesariamente ocurre con todos. Entre los tulkus del Tíbet pueden encontrarse aquellos que son reencarnaciones de bodisatvas superiores, bodisatvas de las sendas de acumulación, así como maestros que de forma evidente están a punto de entrar en esos caminos de bodisatva. Por tanto, el título “tulku” se da a los lamas reencarnados, ya sea basados en su semejanza a los seres iluminados, o por medio de su conexión con ciertas cualidades de los seres iluminados.

Como dijo Jamyang Khyentse Wangpo: “La reencarnación es lo que ocurre cuando alguien renace después de la muerte de su predecesor; la emanación es cuando las manifestaciones toman lugar sin que el origen haya fallecido”.

Reconocimiento de las reencarnaciones

La práctica de reconocer quién es quién a la hora de identificar la vida pasada de alguien ocurría ya cuando el propio Buda Sakyamuni estaba vivo. Hay muchos testimonios registrados en las cuatro Secciones Agama del Vinaya Pitaka, los cuentos del Jataka, el Sutra del Sabio y del Loco, el Sutra de los Cien Karmas y otros, en los que el Tathagata (el Buda) reveló el funcionamiento del karma, recordando innumerables historias sobre cómo los efectos de ciertos karmas creados en una vida pasada son experimentados por una persona en su vida actual. También, en las biografías de los maestros de la India que vivieron después del Buda, muchos de ellos revelaron dónde habían nacido con anterioridad. Hay muchas historias así, pero el sistema de reconocimiento y registro de reencarnaciones no se hacía en la India.

El sistema de reconocimiento de reencarnaciones en Tíbet

Las vidas pasadas y futuras son algo que ya conocían los indígenas tibetanos de religión Bon antes de que llegara el budismo. Y desde que el budismo se extendió por el Tíbet, prácticamente todos los tibetanos han creído siempre en las vidas pasadas y futuras. La investigacion de las reencarnaciones de muchos maestros espirituales que practicaban el Dharma, así como la costumbre de rezarles con devoción, floreció en todas partes del Tíbet. Muchas escrituras auténticas, libros indígenas tibetanos como el Mani Kabum y la Quíntuple Enseñanza de Kathang y otros, como los Libros de los Discípulos Kadam y la Guirnalda de Joyas: Respuestas a preguntas, que fueron recopilados por el glorioso e incomparable maestro indio Dipankara Atisha en el siglo 11, cuentan historias de las reencarnaciones del Arya Avalokiteshvara, el bodisatva de la compasión. Sin embargo, la tradición actual de reconocimiento de reencarnaciones de los maestros comenzó a principios del siglo 13 con el reconocimiento de Karmapa Pangshi como reencarnación de Karmapa Dusum Khyenpa por sus discípulos, según su propia predicción. Desde entonces, ha habido diecisiete encarnaciones del Karmapa durante más de 900 años. Del mismo modo, desde el reconocimiento de Kunga Sangmo como reencarnación de Khandro Chökyi Dronme en el siglo 15 ha habido más de diez reencarnaciones de Samding Dorje Phagmo. Así pues, entre los tulkus reconocidos en Tíbet hay practicantes de tantra tanto monásticos como laicos, hombres y mujeres. Este sistema de reconocimiento de reencarnaciones se extendió gradualmente a otras tradiciones budistas tibetanas y al Bon en Tíbet. Hoy día, hay tulkus reconocidos en todas las tradiciones budistas tibetanas: Sakya, Geluk, Kagyu y Nyingma, así como Jonang y Bodong, que sirven al Dharma. Es también evidente que entre estos tulkus algunos han caído en desgracia.

El omnisciente Gedun Drub, que era discípulo directo de Je Tsongkhapa, fundó el monasterio de Tashi Lhunpo en Tsang y cuidó de sus estudiantes. Falleció en 1474 a la edad de 84 años. Aunque en un principio no se hizo ningún esfuerzo por localizar a su reencarnación, la gente se vió obligada a reconocer a un niño llamado Sangye Chöpel, que había nacido en Tanak en 1476, por todo lo que había explicado con un impresionante y perfecto recuerdo de su vida anterior. Desde entonces, empezó la tradición de buscar y reconocer las sucesivas reencarnaciones de los Dalai Lamas por el Gaden Phodrang Labrang y después por el Gobierno del Gaden Phodrang.

Formas de reconocer las reencarnaciones

Después de que diera comienzo el sistema de reconocimiento de tulkus, se empezaron a desarrollar y perfeccionar varios procedimientos. Entre ellos algunos de los más importantes incluyen una carta predictiva del predecesor, y las instrucciones e indicaciones que pudiera haber; la fiabilidad de la reencarnación a la hora de relatar su vida anterior y cómo habla de ella; identificar posesiones que pertenecieron al prececesor, y reconocer personas que le eran cercanas. Aparte de estos, otros métodos incluyen pedir a maestros espirituales fiables una  , así como buscar predicciones de oráculos mundanos, que aparecen por medio de mediums en trance, y observar las visiones que se manifiestan en lagos sagrados de protectores, como Lhamoi Latso, un lago sagrado al sur de Lhasa.

Cuando parece haber más de un posible candidato a ser reconocido como tulku y resulta difícil decidir, hay una práctica de toma de decisión final por medio de la adivinación, empleando el método de la bola de masa (zen tak) ante una imagen sagrada, mientras se invoca al poder de la verdad.

Emanación antes del fallecimiento del predecesor (ma-dhey tulku)

Lo habitual es que una reencarnación consista en que alguien renace como ser humano después de la muerte. Los seres ordinarios generalmente no se pueden manifestar como emanación antes de morir, pero los bodisatvas superiores, que se pueden manifestar a sí mismos en cientos o miles de cuerpos al mismo tiemo, pueden manifestarse como emanación antes de fallecer el predecesor. Dentro del sistema tibetano de reconocimiento de tulkus hay emanaciones que pertenecen a la misma corriente mental que el predecesor; emanaciones que están conectadas a otros por medio del poder del karma y las oraciones, y emanaciones que aparecen como resultado de bendiciones y anuncios con antelación.

El objetivo principal de la aparición de una reencarnación es continuar con el trabajo inacabado de su predecesor de servir al Dharma y a los seres. En el caso de un lama que sea un ser ordinario, en lugar o tener una reencarnación que pertenezca a su propio contínuo mental, ota persona con conexiones con ese lama, puede ser reconocido como emanación suya por medio del karma puro y las oraciones. Alternativamente, es posible que el lama elija un sucesor que bien puede ser un discípulo o alguien joven que pueda ser reconocido como emanación suya. Dado que estas opciones son posibles en el caso de tratarse de un ser ordinario, una emanación antes de la muerte que no pertenezca al mismo contínuo mental sí es algo plausible. En algunos casos un alto lama puede tener varias reencarnaciones al mismo tiempo, como encarnaciones de cuerpo, palabra, mente, etc. En tiempos recientes ha habido emanaciones antes de la muerte, como la de Dudjom Jigdral Yeshe Dorje, o la de Chogye Trichen Ngawang Khyenrab.

Uso de la Urna Dorada

Según esta época de degeneración empeora cada vez más, y según se van reconociendo más reencarnaciones de altos lamas, algunos de ellos por motivos políticos, han aumentado los casos en que se han realizado algunos reconocimientos por medio de métodos inapropiados y cuestionables, causando un enorme daño al Dharma.

Durante el conflicto entre Tíbet y los Gurkhas (1791-1793) el Gobierno Tibetano tuvo que solicitar ayuda militar a Manchuria. Así, los militares Gurkhas fueron expulsados del Tíbet, pero desde aquel momento los oficiales manchús propusieron un acuerdo de 29 puntos con la excusa de hacer que la administración tibetana fuese más eficiente. Esta propuesta incluía la sugerencia de usar una Urna Dorada para decidir el reconocimiento de reencarnaciones de Dalai Lamas, Panchen Lamas y Hutuktus, que es como llaman los mongoles a los altos lamas. Por tanto, este procedimiento se utilizó en los casos a la hora de reconocer Dalai Lamas, Panchen Lamas y otros altos lamas. El ritual a seguir fue redactado por el 8º Dalai Lama, Jampel Gyatso. Incluso después de que se introdujese este sistema, el procedimiento tan solo se utilizó para el Noveno, Decimotercero, y yo, Decimocuarto Dalai Lamas.

Incluso en el caso del Décimo Dalai Lama, la reencarnación auténtica ya había sido localizada y en realidad este procedimiento no se llegó a realizar, pero se anunció que sí, únicamente para contentar a los manchús.

El sistema de la Urna Dorada, en realidad, sólo se utilizó para los casos del Decimoprimer y Decimosegundo Dalai Lamas. Sin embargo, el 12º ya habia sido reconocido antes de que se recurriese a ese procedimiento. Por tanto, en realidad solo se ha usado este procedimiento en una ocasión. Del mismo modo, entre las reencarnaciones del Panchen Lama, aparte del Octavo y el Noveno, no se ha usado más este método. Ese sistema fue impuesto por los manchús, pero los tibetanos no tenían fe en ello porque carece de toda espiritualidad. Sin embargo, siendo honestos, parece que podemos considerar que era similar a la manera de adivinación de la bola de masa (zen tak).

En 1880, durante el reconocimiento del Decimotercer Dalai Lama como reencarnación del Decimosegundo, todavía existían algunas trazas de la relación señor-vasayo que había entre Tibet y Manchuria. Fue reconocido inequívocamente por el 8º Panchen Lama, las predicciones de los oráculos de Nachung y Samye, y observando visiones que aparecieron en el lago Lhamoi Latso, por lo que no se recurrió a la Urna Dorada. Esto puede comprenderse según se desprende del testamento del Decimotercero en el año del Mono de Agua (1933) en el que escribió:

“Como ya todos sabéis, fui seleccionado no según el método de la Urna Dorada, sino que mi selección fue profetizada y adivinada. Según estas adivinaciones y profecías, fui reconocido como la reencarnación del Dalai Lama, y entronizado”.

Cuando yo fui reconocido como Decimocuarto Dalai Lama en 1939, la relación señor-vasayo entre Tibet y Manchuria ya había terminado. Así que no se dudó de que no había necesidad de confirmar la reencarnación por medio de la Urna Dorada. Es bien sabido que quien era por aquel entonces el Regente del Tíbet y de la Asamblea Nacional Tibetana se había servido de las predicciones de altos lamas, oráculos y las visiones del Lhamoi Latso; los chinos no tuvieron nada que ver en absoluto. Sin embargo, algunos oficiales preocupados del Guomintang [N. del T.: Partido Nacionalista Chino, formación política conservadora que derrocó a la dinastía Qing] difundieron mentiras en los periódicos, asegurando que ellos habían estado de acuerdo en dejar de usar la Urna Dorada y que Wu Chung-tsing presidió mi entronización y cosas así. Esta mentira quedó al descubierto por Ngabo Ngawang Jigme, el vicepresidente del Comité del Congreso Nacional del Pueblo, considerado por China una persona progresista, en la segunda sesión del 5º Congreso Popular de la Región Autónoma del Tibet, el 31 de julio de 1989). Esto quedó claro cuando, al finalizar su discurso, en el que proporcionó explicaciones detalladas de los eventos y presentó documentación como evidencia, demandó: “¿Qué necesidad tiene el Partido Comunista en seguir perpetuando las mentiras del Guomintang?”

Estragia dudosa y falsas esperanzas

En el pasado reciente, ha habido casos de gestores irresponsables de lamas prósperos que se involucraron en métodos impropios para reconocer reencarnaciones que han dañado al Dharma, a la comunidad monástica y a nuestra sociedad. Más aun, desde los manchús, las autoridades políticas chinas se han relacionado repetidamente con actividades engañosas sirviéndose del budismo, de maestros budistas y de tulkus como herramientas para alcanzar sus fines políticos al tiempo que se inmiscuían en asuntos tibetanos y mongoles. Hoy día, los autoritarios mandatarios de la República Popular China, que como comunistas rechazan la religión pero que aun así se relacionan con asuntos religiosos, han impuesto una llamada campaña de reeducación y han declarado la llamada Ley Número 5 en relación al control y reconocimiento de reencarnaciones, que entró en vigor el 1 de septiembre de 2007. Esto es atroz y vergonzoso. La puesta en práctica de métodos inapropiados para reconocer reencarnaciones con la intención de erradicar nuestras tradiciones culturales únicas hace un daño que será muy difícil de reparar.

Más aun, dicen que esperan a que yo muera para reconocer un Decimoquinto Dalai Lama que ellos seleccionen. Está claro viendo estas últimas normas, regulaciones y declaraciones que tienen una estrategia detallada para engañar a los tibetanos, a los seguidores de la tradición budista tibetana y a la comunidad internacional. Por tanto, como tengo la responsabilidad de proteger el Dharma y a los seres sintientes y enfrentarme a semejantes planes, hago la declaración siguiente:

La próxima encarnación del Dalai Lama

Como ya he mencionado antes, la reencarnación es un fenómeno que debería tomar lugar, bien por voluntad propia de la persona en cuestión, o bien por la fuerza de su karma, méritos y oraciones. Por tanto, la persona que se reencarna tiene la autoridad última y legítima de dónde y cómo renacer y cómo se reconocerá esa reencarnación. Es una realidad que nadie más puede forzar al interesado ni manipularle. Es particularmente inapropiado para los comunistas chinos, quienes explícitamente rechazan la mera idea de vidas pasadas y futuras, por no hablar del concepto de tulkus reencarnados, mediar en el sistema de reencarnaciones, especialmente las de Dalai Lamas y Panchen Lamas. Semejante práctica contradice su propia ideología política y revela un doble rasero. En caso de continuar esta actitud en el futuro, será imposible que los tibetanos y aquellos que siguen el budismo tibetano la puedan reconocer ni aceptar.

Cuando tenga alrededor de noventa años [2025] consultaré con los altos lamas de las tradiciones budistas tibetanas, el público tibetano y otras personas que siguen el budismo tibetano, y volveré a valorar si la institución del Dalai Lama debería seguir adelante o no. En base a ello tomaremos una decisión. Si se decide que la reencarnación del Dalai Lama debe continuar y que hay necesidad de reconocer un Decimoquinto Dalai Lama, la responsabilidad de dicha labor recaerá primordialmente en los agentes del Gaden Phodrang. Ellos deberán consultar a las distintas cabezas responsables de las tradiciones budistas tibetanas y a los fidedignos protectores del Dharma que están unidos inseparablemente a los Dalai Lamas. Deberán buscar consejo de estos seres y llevar a cabo los procedimientos de búsqueda y reconocimiento de acuerdo con la tradición. Dejaré instrucciones concretas por escrito en este sentido. Recordemos que, aparte de la reencarnación reconocida por medio de los métodos legítimos, no se deberá otorgar reconocimiento ni aceptación de candidato alguno elegido por intereses políticos por parte de nadie, incluida la República Popular China.”

Su Santidad el14º Dalai Lama
Dharamsala (India)
Septiembre de 2011

 

 

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