Conocidos y familiares hablan de su vida junto a Osel Hita

Os dejamos con este reportaje que, aunque se publicó hace ya unos meses en LaRioja.com, seguro que a muchos os resultará muy interesante.

 

Lama Zopa con Osel Rimpoché a mediados de los 80.

 

“Él no ha dejado el budismo. Lo que tiene claro es que no quiere ser lama ni monje. Quiere ser padre y tener familia. Una cosa muy normal”. Las palabras son de Anne Weenas, responsable del Centro de Retiros O Sel Ling, en la Alpujarra granadina, lugar en el que hace ahora 25 años se dio a conocer la reencarnación del lama Yeshe en el niño Osel Hita Torres, que vivía en Bubión. El padre de Osel, Francisco Hita, dice algo parecido. «Mi hijo ahora es muy feliz. Desea pasar por una etapa de integración en la sociedad y crear un espacio propio de vida, observar sin sentirse permanentemente observado». Si durante algún tiempo Osel fue lunes, ahora es domingo. Ha cumplido 26 años y le encanta viajar, la música electrónica de Jojo Mayer o Pendulum de la que se empapó en Ibiza y los goles de Fernando Torres, aunque su equipo del alma sea el Barça.

 

La luz, que llega clara y diáfana a este mágico rincón alpujarreño, hace que brillen de manera especial las piedras con restos de feldespato y mica. Se está muy cerca del cielo. A 1.600 metros de altitud. Cuando acaba la pista forestal y se puede aparcar el coche, empieza un sendero que lleva a O Sel Ling, un centro de meditación y de enseñanza budista al que acuden aquellos que por mucho que se buscan no se encuentran. Son casi 30 cabañas individuales que de tener un cartel diría: «¡Atención! Gente meditando. Absténgase de dar la lata».

 

Bubión, pueblo natal de Osel.

 

No existen esos rótulos, pero sí otros más educados que te conminan a que guardes silencio. Los únicos ruidos permitidos son el piar de los pájaros y los ladridos de perros. Cuanto menos se hable, mejor. Si se inclina la vista hacia abajo, al mirar al horizonte se ven los tres pueblos del barranco del Poqueira: Pampaneira, Bubión y Capileira. Si se mira hacia arriba se ve la cumbre nevada del Mulhacén, que hace de líder espiritual del paisaje.

 

Del centro O Sel Ling salió un día lejano una noticia que dio la vuelta al mundo: el lama Yeshe, fallecido en 1984, se había reencarnado en un crío de Bubión, de 3 años, nacido del matrimonio entre María Torres (budista convencida desde su etapa de hippie en Ibiza) y Francisco Hita, albañil. Fue un bombazo informativo, confirmado por el propio Dalai Lama. Le hicieron unas pruebas y las superó todas. Le vistieron de rojo azafrán, le pusieron un gorro amarillo y le llevaron a la India, al monasterio de Sera. Allí le sentaron en un trono y comenzaron a adorarle. Durante algunos periodos de tiempo, siendo aún niño, venía a España, a su Bubión natal. Acá jugaba con los amiguitos de su edad y, mirándolo correr, era difícil concebir que aquel niño estuviera destinado a ser uno de los más importantes líderes espirituales del budismo. A los ocho años el chaval grabó una cinta que envió a su madre: «¡Mamá, ven y sácame de aquí!». María fue hasta el monasterio, le quitó a su hijo la túnica, le puso unos pantalones vaqueros y se lo llevó a Bubión. Luego entendió que era una rabieta infantil y pesó más el budismo.

 

Con Su Santidad el Dalai Lama, durante su entrevista de reconocimiento como reencarnación de Lama Yeshe.

 

De adolescente también estuvo varias veces en su pueblo alpujarreño, donde su padre aún mantiene una casa. Su madre se divorció y se fue a vivir a Sevilla con François Camus, un francés que vivía en Bubión y que también había abrazado el budismo. Cuando Osel cumplió la mayoría de edad, dijo basta y abandonó el monasterio. Estuvo en Ibiza, en Canadá, en Estados Unidos y finalmente en Madrid, donde ha estudiado cine. De sus gastos parece que se ocupa una organización internacional que tiene por objetivo dar a conocer y preservar el budismo mahayana tibetano.

 

 

Alérgico a la fama y a los medios de comunicación, Osel se ha esforzado en pasar inadvertido. Tiene abierto un perfil en Facebook, donde cuelga fotos con sus amigos y su novia y habla de sus viajes y de sus aficiones, pero sin etiquetarse como el niño lama.

 

‘Joselín’, el niño alegre

 

Su padre y la responsable del centro O Sel Ling, Anne Weenas, están convencidos de que el joven algún día puede reconsiderar su actitud y regresar al monasterio para seguir investigando sobre el budismo. «Es una persona muy inteligente y nunca ha cortado con el budismo. Está buscando su proyección en la vida, de ahí que quiera conocer todo tipo de culturas», afirma Weenas.

 

Lo mismo se pasa una tarde leyendo una novela de cruzadas, que piensa con la obra del polifacético Jodorowsky o se enternece con una aventura de Mark Twain. Lecturas, algunas más de adolescente que de un hombre con los 30 a la vuelta de la esquina. Pero, como dicen en Bubión, al pequeño lama le robaron la infancia.

 

En el pueblo le llamaban ‘Joselín’. Para Roberto Rodríguez, el alcalde, al que se le pone una túnica azafrán y puede pasar perfectamente por un monje budista, «es una pena lo que se hizo con ese niño. Él era aquí feliz, un niño alegre al que le gustaba mucho el juego».

 

Jugando en Sera.

Antonio Martín Villena, maestro de ‘Joselín’ durante sus vacaciones en Bubión, recuerda a un crío muy activo. «Le encantaba jugar a la pelota y a las construcciones. Eso sí, era muy comodón y no recogía las piezas». Francisco, un joven granadino que correteó con el niño lama, se queda con otro detalle curioso: «Cuando jugábamos al caballito, él tenía que ser siempre el que se montara en los demás niños. Nunca permitía que se montaran en él. Tal vez esa conducta la tuviera asumida porque en el monasterio tenía varios sirvientes y se había acostumbrado a ser el centro de atención. Así que cuando venía por aquí su desbarajuste mental debía de ser enorme».

 

 

De incógnito en el pueblo


Más que admiración, Osel inspira hoy en su pueblo un poco de lástima. Nadie quiere estar en su piel y todos piensan que habría sido diferente si a ese niño se le hubiera dejado crecer en Bubión y al cumplir los 18 años se le hubiera llevado al monasterio. Al revés de como lo han hecho.

 

Osel tiene ahora el pelo largo y se ha dejado barba. A su localidad natal va bastante. «Siempre que lo desea. Lo que pasa es que lo hace casi de incógnito, quiere pasar desapercibido. Sus amigos de la infancia ya no están allí y es fácil confundirlo con un turista. Pero su contacto con Bubión es frecuente», señala su padre.

 

Osel muestra sus respetos a Lama Lhundup en Kopán, el monasterio de Lama Zopa Rimpoché en Nepal.

Hace un par de años pasó por el lugar de retiro de Anne Weenas. «Aquí no lo olvidamos. ¡Cómo lo vamos a olvidar si este centro lleva su nombre!», reconoce Claudia, voluntaria que está pasando una temporada en O Sel Ling.

 

El ‘niño lama’ sigue el budismo, pero también series de televisión bastante alejadas de la paz espiritual, como ‘Los Borgia’ y ‘Los Soprano’. Y le gusta el cine español -recomienda a Julio Medem- y americano, y los videojuegos de guerra, y el Barça, y el humor de Mr. Bean…

 

Sigue buscando su futuro fuera del monasterio. Ya lo dice en su primer comentario en Facebook: «Me encanta viajar».

 


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