El libro de la alegría

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Dalai Lama: Me puso muy triste perderme tu cumpleaños. Cuando supe que a lo mejor venías aquí, me sorprendió mucho. Sabía que no estabas bien de salud y que estás muy viejo, y llegar hasta aquí no es fácil…

Desmond Tutu: Sí, es verdad…

DL: Pero cuando oí que todo estaba listo y se acercaba la fecha y la hora, me sentí muy feliz y entusiasmado. De verdad que aprecio tu amistad y tu sentido de la responsabilidad a la hora de ver qué puedes hacer por una humanidad mejor.

Por la mañana, el arzobispo y el Dalai Lama habían estado reflexionando sobre qué era tan especial de su amistad, con su humor característico.

DT: Siempre me está tomando el pelo. Casi desde la primera vez que nos conocimos. ¿Te acuerdas? Igual la primera vez fuiste un poco más reservado, pero a la segunda, ya me estabas quitando la gorra de la cabeza. Yo ya sé que uno no se levanta por la mañana y dice “me voy a hacer amigo del Dalai Lama”, simplemente te pasa. Ya vendrán los científicos a analizarlo. Pero yo tampoco creo que él se levantara, a las tres de la mañana, y pensara “Creo que me voy a hacer amigo de ese negro narizotas de África”. Creo que fue una comunicación desde el corazón. Cuando estábamos callados, nuestros corazones descubrieron que éramos espíritus amigos.

DT: Le admiro enormemente. Oh, se le va a subir a la cabeza. Pero yo siempre le digo a la gente que después de estar exiliado durante más de cincuenta años, ¿cómo iban ellos a mostrar esa serenidad, esa alegría y ese ánimo para difundir la bondad y la compasión por el mundo? Yo creo que me pondría mohíno, y creo que una parte de mí siempre estaría triste y se me notaría en la cara. Pero él no. Osea… me refiero… Él está ahí para nosotros como un faro para hacernos saber que, de verdad, sí podemos superar incluso algunas de las circunstancias más horrorosas y emerger por el otro lado, sin rompernos. Así que es un gran regalo para el mundo. Y a lo mejor los chinos, sin ser su intención, le han dado al mundo un regalo maravilloso.

 

DL: Gracias…

DT: ¡Págame, págame!

DL: ¡Te voy a pagar! Te voy a pagar con unas cuantas palabras bonitas. En nuestro primer encuentro me fijé en esta persona. Siempre miro a la gente, de entrada, a un nivel humano, así que no presto atención a su rango o su estatus. Así que a nivel humano, esta persona me pareció muy agradable, humilde. Y muy, muy, muy alegre.

Y después, una vez conectas a nivel humano, os hacéis amigos íntimos y esa amistad no cambia nunca. Pero a otro nivel, esta persona es muy divertida. ¡Me encanta! Siempre me está tomando el pelo, y yo a él también. Así que nos convertimos en algo muy especial. Además, desde el principio, siempre hablas sobre la verdad y la justicia para la causa tibetana. Como tibetano que soy, es algo que aprecio mucho.

Siempre que hay reuniones de Premios Nobel, están todos llenos de alegría. La atmósfera es diferente. Ahora, en los últimos años por su edad y por su condición física, no ha podido venir. Por supuesto que otros premiados con el Nobel son maravillosos, pero cuando no estás tú, falta algo. En serio, de verdad que sí. Y los otros Nobel también lo notan, yo creo. Así que la relación es algo único, algo muy especial.

DT: Gracias. (Le he dado un dinero…)

El Dalai Lama estalló en una gran carcajada y señaló al arzobispo: “¡Su cara, su cara!”, decía, señalando la cabeza rapada del arzobispo. “¡Ahora parece un monje, ¿verdad?!” Entonces el Dalai Lama trazó con su dedo la forma de un ojo. “Cuando te veo los ojos…” Después le apretó la nariz, jugando: “¡Y por supuesto, tu nariz!” El arzobispo no pudo evitar que se le escapara la risa. Entonces, el tono juguetón del Dalai Lama cambió y señaló cálidamente la cara de su amigo.

DL: Esta imagen… es una imagen especial. Yo creo que en el momento de mi muerte…

La palabra “muerte” quedó flotando en el aire, hasta que sus palabras fueron proféticas:

DL: En el momento de mi muerte, te recordaré.

 

 

Pude oír cómo todos en la habitación tragaban saliva. Incluso los operadores de cámara. El arzobispo miró hacia abajo y murmuró profundamente, humilde y emocionado por las palabras del Dalai Lama. ¿Puede haber una muestra de amor más sincera que pensar en la cara del otro en el momento de la muerte? “Gracias. Gracias”. Es todo lo que el arzobispo pudo decir. Todo lo que podía decirse.

DL: Así que tal vez, según tu tradición religiosa, nos encontremos en el cielo en presencia de Dios. Tú eres un buen practicante cristiano, así que ve tú antes. Igual puedes conseguir que nos pongan juntos.

Nos reímos intentando imaginar al arzobispo regateando con San Pedro a las puertas del cielo a ver si podían hacerle un hueco al Dalai Lama.

DL: Pero desde el punto de vista budista, si una vez en una vida aparece una conexión cercana y especial, entonces ese impacto seguirá ahí vida tras vida. Esa es la perspectiva budista. Así que… Pero ahora mismo, estoy deseando que llegue otra ocasión para verte otra vez. ¡Dónde, sólo lo sabe Dios!

Extracto de “The Book of Joy” (El libro del amor), el nuevo libro publicado por el Dalai Lama, Desmond Tutu y Douglas Abrams. © 2016 Avery Books (Penguin Random House Company). Traducción de Carlos J. de Pedro para Sangha Virtual.

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