Encontrar un maestro

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Su Santidad el Dalai Lama durante una reunión con la comunidad tibetana en Madrid, 2003. En primera fila, algunos de los lamas residentes en centros españoles, entre ellos Geshe Lamsang (Valencia), Geshe Lobsang Tsultrim (Barcelona), Geshe Tsering Palden (Madrid) o Geshe Lobsang Jamphel (Barcelona / Francia).

Desgraciadamente, puede darse el caso de personas que se presentan como maestros, incluso como grandes eruditos con altas realizaciones, que distan mucho de tener la motivación mínima que se esperaría de cualquier principiante.

Existen distintos textos clásicos que relatan las cualidades que debe tener un auténtico gurú, como la introducción de la práctica de Lama Chöpa, el comentario de Lama Tsongkhapa sobre el Lam Rim de Atisha, La Liberación en la Palma de tu Mano de Pabongka Rimpoché, o los Cincuenta Versos de la Devoción al Gurú de Ashvagosha.

Según esta última enseñanza, la actitud básica e imprescindible que debemos tener ante el maestro es la convicción de que realmente es un buda en persona. Puede que personalmente no tenga las realizaciones completas para ser considerado un ser totalmente iluminado en un sentido estricto, pero si no nos damos cuenta de que el lama está ahí para enseñarnos cara a cara toda la sabiduría del Buda Sakyamuni, jamás nos podremos beneficiar de sus cualidades.

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Lama Zopa Rimpoché muestra sus respetos a su gurú, Lama Yeshe.

Otro requisito es ver únicamente sus buenas cualidades. Esto no debe confundirse con ignorar sus defectos o pasar por alto comportamientos intolerables. Se trata más bien de comprender que, siempre que efectivamente se trate de un maestro cualificado, sus aparentes faltas o defectos no son más que nuestro propio karma que nos impide apreciar su perfección.

En este sentido, es famosa la historia del gran erudito indio Asanga, que se retiró a meditar con intención de tener visiones de Maitreya, el próximo buda. Cada tres años se cansaba de no alcanzar esta realización, pero siempre que abandonaba su retiro se encontraba con algo que le inspiraba para seguir perseverando y ser más paciente. Cuando finalmente abandonó su retiro tras doce años sin éxito se cruzó con un perro abandonado, totalmente demacrado y cubierto por gusanos. Sintió una compasión tan grande por el animal que Asanga sacrificó su propio cuerpo, cortándose un pedazo de carne de la pierna para que el perro pudiera comer. No quería hacer daño a los gusanos cogiéndolos con la mano, así que intentó recogerlos con la lengua. Cuando estaba a punto de hacerlo, de pronto se dió cuenta de que aquello no era un perro: Ante él estaba Maitreya en persona. Ananda se quejó, preguntando por qué no se había manifestado antes, durante los doce años que estuvo de retiro. Maitreya le dijo que había estado ahí con él desde el principio, pero debido a los engaños de la mente, Ananda no había podido apreciar su presencia y lo último que le faltaba para tener el karma adecuado fue sacrificarse por aquel perro.

Así pues, un maestro cualificado es algo de valor incalculable, pero si nos fijamos en él y nos molesta que tenga pelos en la nariz, que tosa mucho, que hable demasiado rápido, que siempre llegue tarde o que se le escapen eructos, ese malestar que sentimos no surge de él, sino de cómo nuestra mente ignorante lo percibe. Otra forma de demostrar que esto es cierto, es comprobar cómo una misma cosa observada por dos personas, a una le encanta y a otra le disgusta. Lo que establece esa diferencia no es el objeto en sí, sino el karma, el estado mental de cada observador. En caso de maestros especialmente realizados, esos comportamientos no son más que métodos que pone a tu disposición para ayudarte a generar buenas cualidades y virtudes, como cuando Milarepa no entendía por qué su maestro le ordenaba construir y derribar edificios uno tras otro sin saber que poco después alcanzaría el Nirvana gracias a esa purificación tan dura. A esto se refieren las enseñanzas al decir que debemos ver únicamente las buenas cualidades del lama. De este modo, en el futuro nosotros mismos tendremos esas mismas cualidades también.

Por contra, los karmas negativos relacionados con el maestro son especialmente graves. Según el Lam Rim de Lama Tsongkhapa, el gran sabio fundador de la escuela gelugpa, el simple hecho de considerar a un lama como una persona corriente es causa para perder logros en nuestra práctica, incluso los que ya habíamos conseguido. Además, siendo tan afortunados de vivir en un sitio y en una época en que tenemos la posibilidad de contar con estos maestros, el karma de insultarlos, enfadarnos con ellos, abandonarlos, etc. será el de no encontrar ningún otro maestro en vidas futuras.

Según el texto del Lama Chöpa, compuesto por Su Santidad el Primer Panchen Lama, el maestro debe tener las siguentes diez cualidades:

  1. Disciplina: Haber dominado el autocontrol ético al haber mantenido de forma intachable sus votos.
  2. Quintaesencia mental: Realizaciones espirituales alcanzadas por medio de la concentración.
  3. Pacificación: Está libre de ilusiones mentales y obstáculos gracias a su gran sabiduría.
  4. Erudición: El maestro siempre debe saber más que el discípulo al ofrecerle una enseñanza concreta.
  5. Entusiasmo: El lama es perseverante y se muestra feliz por enseñarnos. Nunca se cansa por ello.
  6. Tesoro: Debe tener un vasto conocimiento sobre los textos.
  7. Visión: Debe comprender y ser capaz de contemplar la interdependencia de los fenómenos.
  8. Habilidad: Debe presentar las enseñanzas de forma práctica, aprovechable, comprensible.
  9. Gran compasión: Ofrecer su enseñanza con la única motivación de beneficiar a todos los seres.
  10. No vacilar: Un maestro cualificado no duda a la hora de enseñar y esforzarse por sus discípulos sin importar que sean recién llegados o veteranos.
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Ling Rimpoché, uno de los tutores del Dalai Lama.

En caso de que un maestro no posea las diez cualidades entonces lo más importante es que tenga las llamadas “Dos Acumulaciones”: Una gran sabiduría y una gran compasión. La disciplina ética seguiría siendo importante pero en estos casos pasaría a segundo plano.

En algún momento de esta guía para principiantes se mencionaba que practicar budismo tibetano significa casi automáticamente involucrarse en enseñanzas y prácticas de Tantra. Eso significa que cualquier lama budista tibetano debería poseer no sólo esas diez cualidades, sino además otras veinte específicas que se agrupan en dos categorías -internas y externas- y que incluyen cosas como tener el poder de consagrar o bendecir imágenes, estatuas, etc., acompañar las oraciones de movimientos con las manos (mudras), hacer ofrecimientos de fuego, recitar mantras visualizándolos de una forma específica, etc.

En la práctica

Cuando te enteras de dónde hay un centro de Dharma y sabes que tienen un maestro residente (es decir, un lama que vive en él o en la misma ciudad y que enseña allí de forma regular), haces bien en suponer que no puedes acercarte a él con papel y boli y preguntarle por las buenas si cumple con las diez cualidades. ¿Cómo podemos identificar a este maestro?

Tal vez un buen comienzo sea conocer su historia y más concretamente su linaje. Ya sea en folletos que tengan en su centro o información en su sitio web, deberías poder encontrar fácilmente su nombre, de dónde es natural, en qué monasterio se ordenó como monje, quiénes fueron sus maestros, de qué tradición es, algún detalle sobre su trayectoria, si es director espiritual sólo de ese centro o de más, si tiene alguna organización… En resumen, curiosear un poco.

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El responsable de esta web con su maestro Geshe Tsering Palden.

También puede ser un maestro que vive en otro país y ofrece enseñanzas durante varios días a modo de gira, ya sea invitado en centros budistas o en otras salas contratadas ex profeso. En este último caso es habitual que muchos asistentes no sean budistas y las enseñanzas suelen ser genéricas para beneficiar al público en general, pero puede haber de todo.

No seas sectario. Puedes sentir que tienes una “conexión” con varios maestros. Aunque uno de ellos pueda ser el principal, con el que tienes más relación, con quien te convertiste en budista tomando refugio con él y le consideres tu gurú raíz, es perfectamente válido tener distintos maestros, incluso de tradiciones distintas. Siempre que sean gurús cualificados, bienvenidos sean.

¿Cómo sé que he dado con mi maestro? Eso es tan personal como tu karma, literalmente. Nadie más que tú, por medio de la experiencia puedes apreciar esa “conexión especial”. Puede surgir con un maestro al que ni siquiera has visto en persona, a través de sus libros o sus enseñanzas en internet. En ese caso no podemos afirmar que sean nuestros maestros a nivel personal, aunque nos inspiren enormemente y tengamos sus consejos como oro en paño. Por supuesto que sus enseñanzas son valiosas y aprovechables, y quién sabe si más adelante podrás viajar para verle o visitará tu ciudad, pero siempre que tengas la posibilidad de establecer contacto con un maestro de forma directa, personal, aunque sólo puedas verle cada cierto tiempo, los beneficios son inmensos.

img_2120Conociendo los centros budistas

Otro paso lógico sería visitar un centro de Dharma. De nuevo, intenta saber a qué tradición pertenecen, quién es su director espiritual, si pertenecen a alguna organización… Tienes una relación de la gran mayoría de centros en España en nuestro mapa.

Otras formas de empezar a relacionarse con otros estudiantes es frecuentar centros en los que no tienen maestro residente. A veces ni siquiera tienen una gompa propia y se limitan a hacer reuniones para recitar oraciones, mantras, comentar enseñanzas… Con el tiempo, sobre todo si están afiliados a alguna organización, estos grupos de estudio tienen la posibilidad de establecerse legalmente como centros budistas de pleno derecho.

Puede ser muy variable, pero los centros de Dharma suelen tener tres tipos de actividades básicas: Las semanales (enseñanza general los lunes, meditación guiada los jueves…), las especiales (enseñanzas durante un fin de semana seguidas de alguna iniciación, visita de maestros invitados…) y los días auspiciosos del calendario tibetano, que se aprovechan para hacer ceremonias concretas cada cierto tiempo.

A veces también hay actividades no budistas, como yoga, reiki, tienda… que suelen servir para generar ingresos y hacer frente a los gastos. Recuerda que los centros budistas están reconocidos legalmente como organizaciones religiosas pero, a diferencia de los templos católicos, no tienen ningún tipo de subvención, todos los responsables son voluntarios y la única forma que tienen de pagar el local, facturas, material de oficina, servidor de internet, etc. es la generosidad de los visitantes. Por ese motivo cada centro ofrece distintas posibilidades, como hacerte socio pagando una cantidad fija al mes, como benefactor si decides donar una suma importante, etc. Si no puedes o no quieres comprometerte, es posible dejar una aportación cada vez que acudas a una enseñanza, práctica…

A este respecto hay un asunto especialmente serio: Es improbable pero puede pasar. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia, sin importar lo simpáticos que sean todos y lo maravilloso que te parezca el sitio, hagas ningún tipo de aportación económica si te la exigen de malas formas, presionándote, diciéndote que si no pagas no te pueden dejar entrar, etc.

Si de forma sincera estás interesado en alguna actividad de un centro budista pero realmente no tienes recursos para poder ofrecer una aportación económica, se consideraría inapropiado decirlo abiertamente pretendiendo que te vayan a invitar sin más o que te traten como alguien especial para no tener que pagar. Sé paciente: Si de verdad no puedes, coméntalo discretamente con algún responsable y de un modo u otro se verá la forma de beneficiarte de esa práctica o esa enseñanza.

Por supuesto, y repetimos, JAMÁS, confíes en un centro que te insinúe o te presione para cederles tu sueldo, tu coche, tu vivienda, ni nada parecido, ni para comprometerte a colaborar económicamente con un sólo céntimo más del que tú decidas por iniciativa propia. Lo mismo se puede decir de tu presencia: A no ser que ya lleves bastantes años y hayas solicitado la ordenación como monje y tengas ciertas responsabilidades, nadie tiene que decirte el tiempo que pasas o dejas de pasar en un centro. En cuanto a maestros y enseñanzas, si en algún centro te dicen que no debes leer libros o ir a enseñanzas de tal o cual lama y estás seguro de que es un maestro respetable, o te insisten en atender únicamente a las enseñanzas de su propio maestro espiritual y no otros, o te consta que critican o censuran a otros maestros, deberías desconfiar inmediatamente.

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