Qué significa ser budista

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Muchas veces verás que se habla de camino, progreso, avance, desarrollo… Esto es porque no deben verse las enseñanzas como una meta en sí, sino un método que debemos seguir para alcanzar la liberación de los sufrimientos. No somos budistas, repetimos rituales, recitamos oraciones, etc. simplemente porque es la costumbre, sino porque realmente pensamos que existe una razón y un progreso beneficioso.

Si observamos el Noble Óctuple Sendero, por ejemplo, no sólo se trata de intentar vivir de acuerdo con una motivación correcta, un habla correcta, etc. de una forma vaga, aproximada, genérica y se acabó. Ni tampoco se trata de tener un conocimiento intelectual, teórico, como quien lee muchos libros sobre astronomía pero nunca ha levantado la mirada para observar el cielo personalmente. El budismo es inútil si es comprendido, asimilado, aceptado, pero no practicado. Se trata de ir poco a poco aprendiendo, mantenerse constante, haciéndolo cada vez mejor, desarrollar las distintas virtudes de forma más pura y natural, observar cómo funciona el karma, darnos cuenta de cómo ese progreso realmente está ahí, hasta alcanzar de forma última la Iluminación, el Despertar. El mismo Nirvana que alcanzó el Buda. Y entretanto, practicar humildad, paciencia, compasión y las demás virtudes.

carmenmensinkLa diferencia con Buda es que nosotros tenemos una ventaja de valor incalculable: Él lo consiguió por sí mismo. Obviamente, Buda no podía leer libros de budismo ni consultar nada en internet. Sin embargo, tuvo la inmensa amabilidad de enseñarlo todo a los demás para que el mundo pudiera beneficiarse.

A menudo se hace una analogía:

-El médico nos dice que estamos enfermos, cuando deberíamos estar sanos. Buda nos dice que experimentamos sufrimientos, cuando deberíamos experimentar felicidad.
-El médico nos receta una medicina y nos explica cómo debemos tomarla. Buda nos ofrece su enseñanza y nos indica cómo practicarla.
-El médico dispone de enfermeros que nos ayudan durante nuestra enfermedad. Nosotros contamos con toda la comunidad de maestros y demás monjes y monjas, y nuestros compañeros budistas.
-Sin embargo, ni el médico, ni la medicina por sí misma, ni los enfermeros nos pueden curar por su propio poder: Es responsabilidad nuestra ir a la farmacia, abrir el medicamento, tomar la dosis correcta… Del mismo modo, ni el Buda, ni su enseñanza, ni los monjes pueden modificar nuestra mente: Depende de que nosotros mismos tomemos la determinación de poner en práctica esas enseñanzas y beneficiarnos de primera mano.

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Existen además tres tipos de practicante según su motivación:

-Las personas de motivación inferior son las que adoptan el budismo para sentirse más felices en esta vida y generar los suficientes méritos (karma positivo) como para tener un renacimiento favorable en las siguientes vidas.

-Los practicantes de motivación media son quienes desean alcanzar la Iluminación completa para extinguir todo su sufrimiento.

-Los practicantes de motivación superior buscan alcanzar el Nirvana para beneficiar a los demás seres.

Por supuesto, el budismo tibetano estimula la motivación superior.

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RECIBIR ENSEÑANZAS

En las escuelas tibetanas, la enseñanza suele darse tradicionalmente mediante transmisión oral, es decir: Un grupo de estudiantes se sienta a escuchar las explicaciones de un lama. Escuchar una enseñanza de forma presencial, con el maestro físicamente ante nosotros, se considera más importante y valioso que leer libros, por ejemplo. Esto se debe a que esta forma de transmisión hace que el estudiante se prepare mentalmente para alcanzar realizaciones (logros, evolución) relacionadas con esa enseñanza en particular. El maestro de quien se recibe es un eslabón ininterrumpido de una sucesión que se remonta hasta el propio Buda en persona. Esta es la razón por la que en budismo tibetano se da tanta importancia a la protección y conservación de los distintos linajes. Puede aprenderse mucho leyendo libros o consultando textos en internet, pero no se produce esa conexión maestro-discípulo que es tan valiosa.

Dentro de esas enseñanzas hay distintas categorías. Desde los consejos generales para aplicar el Dharma a la vida cotidiana, a comentarios complejos y profundos sobre aspectos específicos de algún estado mental, pasando por bendiciones, transmisiones de mantras, iniciaciones…

La práctica según el discípulo (es decir, tú)

En cuanto a la práctica en sí por parte del estudiante, esas realizaciones -pasos adelante en el camino hacia la Iluminación- requieren de la meditación analítica. Es decir, sesiones formales de meditación en las que se analiza de forma minuciosa todo lo que se ha recibido durante la enseñanza para alcanzar no sólo una comprensión intelectual precisa, sino verdaderamente sumergir nuestra mente en esa sabiduría, integrándola poco a poco de forma natural en nuestra vida. También es posible alcanzar realizaciones espontáneas en el mismo momento en que se recibe la enseñanza, pero es algo muy extraordinario.

Para poder hacer meditación analítica no sólo es necesaria una enseñanza previa y un estudio de la lógica, sino también meditación en calma mental. Si durante nuestra vida cotidiana tenemos la mente llena de recados, compromisos, exámenes, poner lavadoras, formatear el ordenador, animaciones de gatitos en redes sociales, nuestra pareja, quedar con los amigos, pensar qué tatuaje me hago, salir de compras, pagar el alquiler y un larguísimo etcétera, no podemos pretender saltar directamente a analizar, comprender y asimilar conceptos profundos y complejos de la naturaleza de la existencia. Antes es importante desarrollar cierta calma mental, estableciendo una rutina diaria de meditación.

Otro aspecto muy importante de la práctica es la devoción al maestro. El mérito (karma positivo) que se acumula cuando tratamos con un lama es inmenso, ya sea pensar en su bondad, saludarle con cariño y respeto, o presentarle los regalos adecuados. Piensa que un maestro cualificado es alguien que ha decidido dedicar su vida entera a transmitir las enseñanzas del Buda. En ese sentido, debemos valorar a los maestros como si fueran el Buda mismo, ya que sin él (o ella) no recibiríamos esos consejos.

argumentIntegrar la práctica formal con la vida cotidiana

No sirve de mucho aprender cómo se generan los distintos sufrimientos o en qué consiste la humildad si no prestamos atención a los sufrimientos de los demás ni nos molestamos en intentar ser más humildes, ¿verdad?

Una pregunta frecuente de los principiantes es cómo trasladar toda esa teoría a la vida cotidiana. Pues bien, puede que la respuesta sea decepcionante, pero se hace… ¡haciéndolo! Observa tu propio comportamiento, tu actitud, tu estado mental, tus relaciones con los demás, cómo reaccionas ante situaciones como ofensas, insultos, prisa, decepción, aferramiento, falsedad, aburrimiento, tristeza, venganza y cualquier otra emoción aflictiva. Tanto sobre tí mismo como en quienes te rodean.

Cuestiónate a tí mismo. Analízate de forma honesta y profunda:

-Cuando tienes una confrontación con otra persona y crees tener la razón, ¿verdaderamente la tienes, o sólo la defiendes por ser tu opinión?

-¿Enfadarte mientras miras el reloj resoplando hará que tu autobús llegue antes?

-¿Qué esperas que un desconocido valore de tí: Tu aspecto, tus habilidades, tus notas académicas, tus chistes, tus aficiones, tu honestidad, tu mal humor, tu buen corazón…?

Las posibilidades son infinitas. No se trata de crearte una crisis existencial y de pronto echarte a llorar pensando que llevas toda tu vida siendo mala persona (que también eres libre de hacerlo si verdaderamente ha sido así y te lo pide el cuerpo). Sencillamente, observa. Sé consciente. ¿Pecas de malhumorado? ¿Te aferras demasiado a las cosas? ¿No deberías pretender ser tan controlador? ¿Lloras, te decepcionas o te sientes ofendido con frecuencia? ¿En qué medidas recurres a mentir? ¿Te das cuenta de que tus pensamientos, tus palabras o tus acciones pueden acarrear consecuencias indeseables? ¿Alguien sufre por responsabilidad directa tuya y podría evitarse? Estupendo, ya te has parado a fijarte; eres consciente de ello. Ahora, manos a la obra.

¿Cómo exactamente? Para eso está el Dharma.