Mito y realidad del sexo tántrico

 

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En el budismo tibetano hay distintas categorías de votos, preceptos y compromisos. Algo que debería servirnos como llamada de atención para tomarnos en serio nuestra práctica es el hecho de que en Occidente hay un gran número de personas que se consideran budistas pero no mantienen estos compromisos, y más aún: Ni siquiera saben cuáles son ni en qué momento se supone que los están tomando. Estos votos no sólo se aplican a monjes ordenados, ni siquiera a quienes se sienten más devotos o comprometidos con el estudio y práctica del Dharma, sino también a muchas personas que no comprenden hasta qué punto son importantes para una práctica del Dharma que podamos considerar verdaderamente correcta, más allá de cuántas horas al día nos sentemos a meditar, cuántos libros nos hayamos leído, o cuántas iniciaciones hayamos recibido.

El siguiente texto fue publicado originalmente en la web Study Buddhism (antes conocida como The Berzin Archives) y es un extracto de una sección en la que se detallan los votos tántricos. Sangha Virtual ha considerado interesante traducir para vosotros este fragmento en particular porque explica de forma clara uno de los mayores malentendidos que ha habido en las relaciones Este-Oeste en la historia de la Humanidad: La relación entre sexo y tantra. Un malentendido que no sólo ha provocado un aprovechamiento comercial o un enfoque frívolo sobre el asunto, sino también comportamientos intolerables.

Se ha comenzado esta exposición hablando sobre votos. En budismo tibetano éstos no se explican con una exposición de cuál es el compromiso como tal, sino qué comportamientos debemos evitar para no violar ese voto. A menudo estas faltas son llamadas caídas o derrotas. Los practicantes de tantra -y se podría decir que practicar budismo tibetano y practicar tantra es básicamente lo mismo- deben mantener catorce votos principales y ocho secundarios. La siguiente traducción corresponde a la explicación de Alexander Berzin del primer voto secundario:

“Apropiarse por la fuerza de la atención que discierne:

La atención que discierne o que discrimina (en sánscrito, prajna; sabiduría) es, aquí, otra forma de llamar a las mujeres. Al tomar como base el gozo y el disfrute que surgen de la unión con una mujer, sin llegar al orgasmo, el hombre mejora su gozosa atención que discrimina la vacuidad. Una mujer puede conseguir lo mismo en unión con un hombre, también sin llegar al orgasmo, apoyándose en la base de ser ella misma una mujer.

Esta acción [es decir, esta transgresión del voto] también se llama “tomar como base a una compañera de sello no cualificada”. Compañera de sello y compañera de atención pura son otras formas de denominar a las mujeres. Ayudan a alcanzar la realización del Mahamudra, el gran sello de la vacuidad comprendida desde la actividad mental de la Clara Luz, o su equivalente en el sistema Dzogchen de la escuela Nyingma: La atención pura, o rigpa.

Al igual que ocurre con la transgresión del quinto voto raíz de Kalachakra, ver el sexo ordinario y el placer del orgasmo como un camino hacia la liberación o la iluminación es totalmente contrario a la práctica del tantra. Esto sirve como contexto para comprender esto y la siguiente acción a evitar, tanto en el Kalachakra como en el Anuttarayogatantra. Incluso si no hemos alcanzado el nivel suficiente como para experimentar la atención gozosa sobre la vacuidad -que puede mejorar por medio de la unión sexual sin orgasmo- e incluso si carecemos de esa habilidad de evitar el orgasmo gracias al control de las energías sutiles por medio de distintas prácticas, como persona que mantiene votos tántricos deberíamos de forma natural admirar y desear sinceramente alcanzar esos estadios. Debemos observar nuestra vida sexual desde esa perspectiva.

Para que esta determinación no decaiga, es importante que nuestro compañero sexual comparta nuestra misma actitud con respecto al sexo. Un compañer no cualificado es alguien que no ve el sexo desde la perspectiva tántrica. Más específicamente, nuestro compañero necesita haber recibido iniciaciones, mantener votos tántricos y mantener un fuerte vínculo con las prácticas. Y lo que es más importante, necesita salvaguardar de forma pura el quinto voto raíz de Kalachakra y no recurrir al sexo ordinario ni al placer del orgasmo como algo espiritual, ni como camino hacia la liberación ni la iluminación.

Cuando nosotros vemos el sexo desde una perspectiva tántrica y nuestro compañero sexual simplemente desea compartir amor y placer, no necesitamos verlo como actitudes excluyentes. Mejorar nuestra atención gozosa sobre la vacuidad por medio de la unión con un compañero se basa en los cimientos del amor compartido y el apoyo mutuo. Sin embargo, si nuestro compañero se limita a querer lujuria y placer carnal, o cree que el orgasmo representa una cura para cualquier desorden psicológico, caeremos fácilmente presa de esas ideas y emociones, y perderemos nuestra posición.

Si ya tenemos un compañero sexual y luego nos involucramos en el tantra pero él o ella no, por supuesto que no debemos abandonar a esa pareja, ni buscar relaciones con un tercero que tenga votos tántricos, ni tampoco convertir a nuestra pareja al budismo y convencerle para que tome iniciaciones. Al contrario, no deberíamos explotar a esta persona en favor de nuestra práctica espiritual, ni contradecir nuestros sentimientos, ni tener sexo como si fuera un deber que debemos cumplir de mala gana. Debemos inspirarnos en los votos de bodisatva y en los entrenamientos y tenernos como referencia. Dado que nuestro compañero sexual podría no aceptar el tantra, ni el budismo, ni a nosotros mismos si empezamos a decir que no es merecedor de compartir la cama con nosotros o si la acusamos de ser un compañero no cualificado con quien no merece la pena acostarse, seguimos teniendo sexo con esa persona con una motivación de amor y compasión, al menos para evitar que eso ocurra. Igual que con las prácticas que fomentan nuestra promesa de aspirar a la bodichita, cuando evitamos causar que nuestro compañero se arrepienta de sus acciones positivas, como mostrarnos su amor o desearnos felicidad. En lugar de eso, si el compañero es receptivo, podemos animarle a ver más allá de los placeres más inmediatos y reconocer el potencial que tienen los métodos efectivos, no sólo el sexo ordinario. De este modo estaremos intentando que nuestras dos actitudes hacia el sexo sean, si no iguales, al menos más compatibles.

Además, un potencial compañero no debe haber sido coaccionado a mantener ninguna unión sexual, ni por inducción sutil ni por la fuerza. Un ejemplo de la primera sería alagar a esa persona diciendo que es muy avanzada espiritualmente, que ambos sois grandes bodisatvas tántricos, y que te podría ayudar a avanzar en el camino en beneficio de los demás. Ejemplos del uso de la fuerza serían obligarla por medio de golpes, empujones o humillaciones.

Incluso cuando un potencial compañero tiene las iniciaciones, mantiene sus votos tántricos y comparte con nosotros la misma visión del sexo, también podemos violar este voto si forzamos a la persona a sentarse con nosotros en unión cuando las circunstancias sean inapropiadas. Esto puede significar que la persona esté enferma, mantenga una relación sentimental con otro, esté bajo tutela de un tercero, tener otros votos que impidan relacionarse sexualmente, se muestre tímida, o sencillamente, no quiera. Todas estas normas se aplican igualmente a cualquier comportamiento sexual que tengamos”.

buddha-bracelets-hippie-bracelet-stacking-set-of-two-buddhist-jewelry-earthy-color-yoga-mala-beads-black-white-pearl-green-stone-3Fin de la cita. Como vemos, la práctica del sexo tántrico no es ninguna frivolidad, curiosidad, truco ni práctica “divertida” que busque ningún tipo de placer. Es una práctica reservada a contadísimos seres, de altas realizaciones y con una comprensión muy elevada de aspectos fundamentales del Vajrayana relacionados con los estadios más elevados de la meditación, como puede ser reconocer la Clara Luz. Nuestras energías sutiles nos colocan muy cerca de esa Clara Luz en cinco momentos cotidianos: Al estornudar, al desmayarnos, al tener un orgasmo, al quedarnos dormidos y sobre todo en un momento específico del proceso de muerte. Por supuesto, tener alguna de esas experiencias y reconocer la Clara Luz de la vacuidad sin margen para errores ni engaños es la antesala a la iluminación y algo que, aunque todos tengamos el potencial, muy pocos alcanzan y cuando lo hacen es necesariamente sobre la base de haber mantenido de forma impecable los votos de pratimoksha, votos de bodisatva y votos tántricos, amén de quienes sean monjes y observen además los votos del Vinaya.

Poco o nada que ver con lo que el mundo occidental y, desgraciadamente, algún que otro autoproclamado “gurú” nos han pretendido vender -nunca mejor dicho- como “tantra”.

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